Hay festivales… y luego está Bahidorá.
No es solo un evento musical: es una experiencia sensorial, un ritual colectivo y una escapada perfecta del caos urbano. Cada año, en el paraíso natural de Las Estacas, Morelos, Bahidorá reúne música, arte, agua cristalina y comunidad en un solo lugar. Y sí: quien va una vez, casi siempre vuelve.
🌊 Un escenario natural que no existe en otro festival
Bahidorá sucede junto a un río de agua turquesa, rodeado de selva y vegetación exuberante. Aquí puedes:
- Escuchar un DJ set mientras flotas en el río
- Bailar descalzo sobre el pasto
- Ver el amanecer después de una noche épica

No es un “venue”: es un ecosistema vivo que se convierte en parte del festival.
🎶 Música sin etiquetas (y sin miedo a mezclarlo todo)
La curaduría musical de Bahidorá es una de sus mayores joyas. En un mismo día puedes pasar por:
- Electrónica y house de talla internacional
- Rock, indie y psicodelia
- Jazz, funk, cumbia, reggae y ritmos latinos
- Proyectos experimentales y actos emergentes
Aquí no importa el género: importa el viaje sonoro.
🎨 Arte, arquitectura y creatividad en cada rincón
Bahidorá no solo se escucha, también se mira y se siente:
- Instalaciones artísticas inmersivas
- Escenarios diseñados especialmente para el entorno
- Performances y expresiones culturales
Todo está pensado para dialogar con la naturaleza, no para imponerse sobre ella.
🌱 Un festival con conciencia (de verdad)
A diferencia de muchos eventos masivos, Bahidorá apuesta fuerte por la sustentabilidad:
- Cuidado del entorno natural
- Manejo responsable de residuos
- Promoción de consumo local y consciente
La idea es clara: celebrar sin destruir.
💛 La vibra: eso que no se puede explicar, pero sí sentir
Si algo hace especial a Bahidorá es su gente. El ambiente es:
- Relajado
- Libre
- Inclusivo
- Cálido
Aquí no vienes solo a ver artistas; vienes a conectar, a bajar la guardia, a ser parte de algo colectivo.

✨ ¿Por qué Bahidorá se queda contigo?
Porque no es solo un fin de semana.
Es un recuerdo que huele a río, suena a beats lejanos y se siente como libertad.
Bahidorá no se cuenta… se vive.
